martes, 6 de junio de 2017

Nos estamos volviendo un pelín tontos. Todos, incluido yo.

Aviso: Esta entrada contiene un alto porcentaje de cuñadismos. Si sigues leyendo luego no te quejes.

¡Bienvenidos al blog del cuñado salvaje!

   A raíz de la entrada de ayer recibí unas cuantas opiniones, tanto en público como en privado, que son, todas ellas, de agradecer esté de acuerdo o no. Hubo varias que me hicieron pensar, pero una de las que más me hizo reflexionar, puesta en abierto y en la que me centraré más adelante, no estaba sin embargo en mi muro de G+, de modo que opté por guardar un cierto silencio hasta dejar que surgiesen todos estos cuñadismos (y digo “un cierto silencio” y no silencio a secas porque ahora estoy escribiendo sobre ello).

   Remarcar, lo primerito de todo, que en ningún momento de mi entrada de ayer se habló de usar material “pirateado”, que siempre se habló de ilustraciones que había encargado yo o de ilustraciones con licencia libre (comercial o no comercial según el caso que se expusiera).

   Una vez que se ha dicho esto con absoluta claridad (si a alguien no le ha quedado claro lo remito al párrafo anterior) me permito expresar lo siguiente: Los dos seres vivientes que, afirmando ser ilustradores, me habéis escrito defendiendo el derecho de los ilustradores a cobrar por su trabajo, se ve que no tenéis nada que hacer. Que sí hombre, es así, te lo digo yo. ¿He dicho yo que no se os pague por vuestro trabajo?, ¿he dicho yo que vuestro trabajo no tenga derecho a ser remunerado? No. Entonces… ¿para qué me venís con eso? Aburrimiento y ganas de hacerse notar. Pues hala, os jo-fastidiáis y no pienso decir vuestros nombres, que es lo que buscabais. Que os haga publicidad vuestra progenitora. Cansinos.

Pero lo que me impresionó de verdad de la buena, por todo lo que lleva implícito, fue esto que copio textualmente:

“Que tu aventura o modulo pierde calidad sin esas imágenes tan chulas que cuestan un ojo de la cara, pues deberías plantearte si realmente tu trabajo está a la altura de esas ilustraciones”

¡Toma, Jeroma, pastillas de goma!
¡Cágate, lorito!
¡Insértese aquí otra expresión viejuna a elección del lector!

Voy a aprovechar para reflexionar muy cuñadamente, ya que es el tipo de respuesta acorde a esa frase vertida sin pudor alguno:

Primera reflexión: Nos estamos volviendo un pelín tontos. Todos, incluido yo.

   Y es que, hoy en día, el arte en un manual de rol se ha convertido en algo tan importante que es uno de los motivos principales por los que un proyecto puede fracasar o salir adelante. Y eso no me parece lógico. Y que conste, no lo digo por mi proyecto, que igual le he puesto mucho esfuerzo, tiempo y cariño y una vez liberado resulta que es un truñaco. Lo digo por las mil y una veces que he visto que alguien abre un manual y se pasa cinco minutos viendo las ilustraciones y luego le dedica treinta segundos al índice antes de cerrarlo (y luego incluso a veces incluso tiene los santos milindres de hacer una reseña en youtube. Y cuando es así se nota, que lo sepáis, malditos), o por la ingente cantidad de veces que alguien no le ha dedicado un primer vistazo a un manual porque la portada no le llamaba.

   Un juego malo con unas buenas ilustraciones va a fracasar, pero tendrá más éxito del merecido, y un juego bueno con malas ilustraciones tendrá menos éxito del merecido. Puede que nuestro ego nos lleve a negarlo, porque nos fastidia, porque eso quiere decir que no somos tan objetivos como pensábamos, pero en el fondo sabemos que es así. Y eso no es justo para el autor, ni tampoco para su obra.

   Por eso la persona que escribe un manual o módulo (a la que a partir de ahora me referiré como el autor para ahorrarme mil y una letras) quiere que vaya ilustrado, y lo mejor posible; no porque piense que sin esas ilustraciones lo que ha escrito pierde calidad sino porque, como todos nos estamos volviendo tontos, si no va bien ilustrado corre el riesgo de que la gente ni siquiera lo lea.

   Claro que un manual es más bonito si está bien ilustrado, pero hemos permitido que la situación avance hasta el punto de que hemos creado, nosotros solitos, una “tiranía de la ilustración”.

   Eso sí, una vez ha soltado algo como eso y alguna cosa más, finaliza con un “Buen rollo”, que es lo que mola. Es decir, si te molesta algo de lo que has leído es porque no eres buenrollista.

Segunda reflexión: El autor es el becario del rol.

   Nuevamente aclaro: me parece fabuloso que todo el mundo cobre por su trabajo si quiere que se le pague por ello. Soy un archi-defensor del trabajo remunerado. Así pues, continúo.

   Es innegable que, cada vez más, los juegos/módulos que salen a la luz mediante crowfunding están convirtiéndose en un elevado porcentaje del material que los jugadores adquieren. Eso tiene sus ventajas y sus desventajas, no voy a tratarlo ahora, pero es gracias a esos procesos de nacimiento de proyectos de manera tan “pública”  que se pone de manifiesto, y se puede ver claramente, otro cambio de mentalidad que está teniendo lugar en el mundillo y que me parece insidioso y dañino.

   En un crowfunding los que ponemos dinero queremos ver resultados. Lógico. También nos gusta saber en qué se va a invertir nuestro dinero. Lógico también. Pero veamos como suele ser la cosa:
  • El autor crea una obra.
  • El autor realiza el pago por unas ilustraciones para su obra.
  • El autor realiza el pago por una maquetación para su obra.
  • El autor paga unos impuestos por lo que ha recaudado para sacar su obra.
  • El autor realiza el pago para que se imprima su obra.
  • El autor realiza el pago para que se envíe su obra.
  • El autor ha tenido que tratar con todos los anteriores y solucionar imprevistos.
  • Todos felices y todos contentos.

¿Has notado que falta ahí?

   Igual no lo has notado, o igual sí, pero no te ha parecido lo suficientemente importante. Si ha sido así formas parte de un problema.

   El sujeto de casi todas las frases es el autor. Ese autor que si no le paga al ilustrador, maquetador o al de la imprenta es una mala persona (no lo niego) porque no le ha pagado a otras personas por su trabajo. Y si no lo hace, además de las correspondientes denuncias por impago se le creará un estigma social. Hasta aquí completamente de acuerdo.

   Pero, aunque he observado que cuando la gente no ve, en las cuentas de un crowfunding, gastos de ilustración o maquetación sospechan de la calidad del proyecto, nunca he visto que la gente sospeche de la calidad cuando no hay una partida en el presupuesto para el autor. Pues mira, el autor también le ha dedicado horas, puede que incluso más que quienes han ilustrado y/o maquetado. Y no sólo eso, ha usado muchas horas para sacar el proyecto adelante una vez que tenía terminado el texto de su obra. Además, es él quien le ha proporcionado trabajo al resto ¿o habéis visto algún maquetador, por ejemplo, que diga: “hmm, que maqueta tan guay acabo de hacer, voy a hacer un crowfunding para que salga publicada y buscar un autor que escriba un juego para ella”?

No.

   Sin embargo se ha creado la mentalidad de que, para el autor, debería ser compensación suficiente el que su trabajo salga a la luz y ponerlo a nuestra disposición. Inicia el proyecto, recauda, genera trabajo remunerado para otros… y punto. Si gana dinero está bien, pero si no saca nada ¿tampoco lo está haciendo para eso, no? Y ojo, que si gana más de lo que la gente piensa que debería haber ganado, aún hay quien se cabrea por que no invirtió el dinero en algo más para el proyecto.

   Exactamente la misma mentalidad que se ha creado en el mundo empresarial hacia los becarios: “No cobran, pero cuanto prestigio están obteniendo, oiga”. Así van las cosas.


Buen rollo, eh.