jueves, 1 de marzo de 2018

Los límites de lo políticamente correcto



Sé,  perfectamente, que con este post voy a hacer "millardos" de amigos. Me da lo mismo, hay veces que uno tiene que hablar o revienta.
Este post no va de rol, ni de juegos de mesa ni nada de eso. Avisado estás si no quieres seguir leyendo.

   Ayer he leído algo en G+ que me ha parecido el no va más del buenismo compasivo, que además afecta a algo en lo que tengo experiencia directa y no puedo (lo he intentado, pero no puedo) evitar comentarlo.

   +Hijos Del Rol, a quien no conozco y estoy seguro que lo ha hecho con buena intención, equivocada, pero buena intención, publica la siguiente disculpa que comento:

Hace unos momentos he cometido el error de usar el término “invidente” para referirme a las personas con discapacidad visual durante una entrevista en directo. Esto es una falta de respeto…

   Ángel (he visto que te llamas así), puedes vivir tranquilo. No le has faltado el respeto a nadie. Te lo digo con conocimiento de causa. Tengo dos familiares CIEGOS: un abuelo y una abuela. Uno de mis abuelos se quedó ciego  a causa de una bomba y una de mis abuelas se quedó ciega  causa de una meningitis al poco de nacer. Llevo toda la vida tratando con invidentes (y no sólo con mis familiares) y se refieren a sí mismos como CIEGOS. Es más, ONCE significa Organización Nacional de Ciegos Españoles, y si algún motivo pueden barajar para cambiarle el nombre es porque ahora hay también gente con otro tipo de minusvalías.

   Invidente es perfectamente correcto porque muestra una condición frente a la situación preferible (ser vidente, es decir, poder usar la vista). Es decir, invidente es lo contrario de vidente, no algo peyorativo.
   Disculpas como la tuya que, repito, no dudo de que sean bienintencionadas, son el reflejo del desconocimiento de una realidad y también, aunque no lo creas, una posición inconsciente de “buenismo” hacia los demás y de miedo a lo que pensarán de lo que se ha dicho.
    Me recuerdas a un amigo mío, que de visita en mi casa, al irse estaba todo compungido y angustiado porque al despedirse de mi familia había dicho “Hasta la vista” y se pasó, después en el bar, casi quince minutos diciéndome que por favor le pidiese disculpas a mi abuela en su nombre, que no había tenido intención de ofenderla ni de ser irrespetuoso. No valió de nada decirle que estaba seguro que no se había ofendido, porque “hasta la vista” es una forma de decir hasta luego. Es más, te asombraría saber cuantos ciegos usan el verbo “ver” de la misma forma que los videntes o hacen chistes sobre su invidencia (mi abuela dice que ser ciego tiene la ventaja de que “siempre está más cerca el que palpa que el que ve” y en Got Talent, sin ir más lejos, ha salido un invidente haciendo chistes sobre como hacen los ciegos para saber si tienen el culo limpio o no).

   Claro que un ciego/invidente tiene una discapacidad visual, pero también un miope, un hipermétrope, la gente con presbicia, con cataratas… Por eso cada cosa tiene su nombre, y salvo que uno quiera referirse a todas las personas con discapacidad visual, entonar el mea culpa por llamar invidente a un invidente es, perdona que te lo diga así, cogérsela con papel de fumar y querer “ser más correcto que los correctos porque sí”. Y lo que refleja es ignorancia de la realidad causada por el activismo buenista. Lo siento, no te lo digo de manera ofensiva,  pero si lo quieres tomar así, hazlo.

   Actitudes “buenistas”, como esa que has adoptado con la disculpa, son molestas porque indican (sin mala intención, seguro, e inconscientemente) que quien las toma se arroga la capacidad para llevar más allá de lo normal lo que no debe llevarse, de decidir que unas personas va a tener más protección de la que necesitan, o piden, a otras personas, porque sí, porque han decidido que van a hacerlo y punto.

 ¿Y por qué me toca la fibra sensible todo esto? Pues porque últimamente estoy teniendo que sufrir buenismos de gente como tú (gente hipertrofiada de buenas intenciones pero a veces con poca reflexión tras ellas), que me dicen que tengo un trastorno del lenguaje, o una discapacidad del habla, o que soy disfémico. Y no, soy TARTAMUDO. Mucho menos que hace unos años, pero lo soy (es como lo de ser adicto a una sustancia, que nunca se supera por completo).
   No tengo un trastorno del lenguaje, es un trastorno del habla, y no, eso no me convierte en un trastornado (otras cosas sí, pero esa no J ), y la disfemia es mucho más amplia que la tartamudez. Del mismo modo que con respecto a la ceguera se puede decir vidente/invidente, con la tartamudez podría decirse habla fluida/no fluida, pero te aseguro que ningún tartamudo que conozco (y pertenezco a la Asociación Española para la Tartamudez y asisto a eventos, leo las publicaciones, etc) se va a sentir ofendido porque digas que es tartamudo si se lo dices sin ánimo peyorativo (y lo mismo pasa con los ciegos).

   La ceguera, como la tartamudez, son cosas que afectan a las personas, y lo que las normaliza es tratarlas con naturalidad, no agarrársela con papel de fumar cada vez que se trata sobre ellas.  En mi caso, cuando voy a dar alguna conferencia (y doy unas cuantas al año) siempre comienzo con: “Soy tartamudo, de modo que tengo dos noticias, una buena y una mala: la buena es que al tartamudear habrá cosas que vais a escuchar dos veces… la mala es que no os aseguro que vayan a ser las más interesantes”. Y listo. Sin tonterías, sin refugiarse en figuras retóricas. Así, los asistentes a la conferencia si no entienden algo por un atasco verbal o un tartamudeo no tienen reparos en pedirme que repita lo que he dicho y no están pensando (al no haberlo dicho yo) “vaya, mira, es tartamudo”.
Es decir, se expresa la situación con naturalidad y eso es lo que la normaliza. 

   Las actitudes como las que recorren internet hoy en día, aunque bienintencionadas, no normalizan, sino que contribuyen a diferenciar. Pensaoslo bien, buenistas bientencionados, antes de llevar lo políticamente correcto más allá de los límites de lo razonable.

   Ala, a dispararme, chavalot@s.